Archive for: Noviembre 2006
14 Noviembre 2006

Aquachicken, el protector de los mares.
-Su colesterol está por las nubes.
-¡Atrás villano!
Aquachicken vs Dr. Octopus
La viñeta de hoy de Savage Chickens nos viene como anillo al dedo. Nadie está a salvo del colesterol, ni siquiera los superhéroes más osados… o bizarros.
13 Noviembre 2006
… tú no tienes nada.
Aunque más que de lo que se tiene hoy hablaremos de lo que no se tiene. Siguiendo el hilo de las cuestiones alimentarias, hemos hablado de las cosas de las que las empresas presumen en sus productos (que si el omega3, que si la vitamina C…), ahora hablaremos de lo que no tienen. Todo empezó con el azúcar. Era el malo maloso de la película que nos hacía engordar miserablemente a causa de nuestras dulces pasiones, arrebatos golosos que daban con nuestros huesos y michelines en la consulta del nutricionista. Fue la moda en los ochenta, los productos light (conocí esa palabra en inglés por los anuncios antes que en las clases de la escuela). Todos querían ser light, desde las galletas hasta la mayonesa; no eras nadie en el mundillo si no tenías en tu cartera de productos al menos una versión light. Esos anuncios casposos de chicas con calentadores y cintas elásticas recogiendo sus rizadas melenas… ¡Qué tiempos aquellos!
Casi al mismo tiempo llegó la paranoia de la sal. Todo sin sal, el pan sin sal, los embutidos sin sal, los precocinados sin sal… fue la era dorada del glutamato monosódico (E621) y los acidulantes, porque sino a ver quién es el guapo que se traga una comida sin azúcar ni sal.
Más tarde, y sin abandonar ninguna de las anteriores modas, llegó el colesterol. ¡Ay amigos! Nunca un metabolito dio tanto juego a la industria alimentaria. Estamos ante el requetemalo, el supervillano que tiene un plan para domminar el mundo y convertirnos a todos en miserables y cardiopáticos rollos de manteca (como si la ausencia de colesterol no generase enfermedades terribles). El colesterol nos lo dibujan como un ente misterioso y maligno que brota espontaneamente en nuestros organismos (la frase siempre es “Me salió colesterol”, en lugar de lo que debería ser un “He pasado toda la vida poniendome ciego de tocino y ahora claro…”). Como todo buen maligno que se precie tiene también un ejército de acólitos y segundones que responden al nombre de triglicéridos, grasas saturadas o simplemente grasas. Pues bien, ahora lo que mola es presumir de la ausencia de colesterol. Hasta el punto de que en los caramelos se vanaglorian de que no tienen colesterol. Por supuesto que no, un caramelo está hecho fundamentalemente de azúcar, y, a menos que sea un tofe, no se le añade grasa alguna. Pero eso no quiere decir que el caramelo de marras no te engorde. Esto nos lleva a la nueva táctica: el 0%. Te dicen que tiene un 0% de colesterol, de proteinas, o simplemente de materia grasa; dándote a entender que el alimento en cuestión no te va a engordar. Lo que no te dicen (excepto en la tabla de composición que casi nadie lee porque hay que ser licenciado para entenderla) es que han atiborrado el producto de azúcares para que te lo tragues con gusto.
Como ahora resulta que la gente se quiere cuidar y les da por intentar leer la dichosa letra pequeña; ha aparecido un nuevo engaño que, de tan burdo, resulta grotesco. Es la presunción de, sobre todo refrescos, “menos de una Caloría” y en letra micropulga te dicen: “Cal=Kcal”. Este es un pequeño truco de prestidigitador que se aprovecha de cierta ambiguedad generada por el uso impropio y descontextualizado de dos sistemas de notación distintos. En Biología se emplea la Caloría (con c mayúscula) que equivale en el sistema técnico (empleado por fisicos y químicos) a la kilocaloría (1000 calorías con c minúscula). Obviamente el común de los mortales, que apenas ha llegado al instituto, no controla estas sutilezas técnicas. Es de esto de lo que pretenden aprovecharse.
Como el truquito empieza a dejar de funcionar y la gente cada vez lee más y entiende lo que lee (el rollo de las calorías empiezan a tenerlo controlado) están empezando a expresarlo en kilojulios (kJ), que mola más y se entiende menos. A ver si así nos despistan un poco.
9 Noviembre 2006
Al hilo del post anterior y de vuestros comentarios , me he acordado de una serie de cosas acerca del tema de los alimentos, la publicidad y los aditivos.
Empezaré con los enriquecimientos. De un tiempo a esta parte, habréis visto en muchos productos, sobre todo zumos, el eslogan “¡Ahora enriquecido con vitamina C!”. Claro que sí, el ácido ascórbico es un estupendo antioxidante, o sea, un aditivo conservante que ahora nos venden como un valor añadido cuando siempre ha estado ahí. Pero los que han rizado el rizo en esa cuestión han sido los de Pascual con su Zumosol activo. Se vanaglorian de que su nueva bebida tiene zumo de frutas y proteína de huevo. O sea, que la albúmina que venían usando hasta ahora como aditivo espesante en zumos, procedente de los excedentes de la huevina que usan para la bollería, ahora se lo ponen en cantidades enormes descaradamente y nos lo colocan como un “sabor que se sale”. Sencillamente genial.
Lo que me procupa de todo este asunto es el halo de autoridad y veracidad absoluta con el que se arropan las campañas de estos productos. Sin ir más lejos, había un anuncio de galletas con “Oleosan” en el que una mujer muy dinámica y moderna, madre de dos hijos, le decía al carca de su padre que se comiese las galletas, que el oleosán ese es buenísimo para el colesterol. “¿Y tú cómo lo sabes? ¡Os creéis todo o que dicen en la tele!”- decía el padre airado, con sensato criterio. “No, que lo he leído, que es muy bueno”- respondía la hija. ¿Y dónde lo leyó esta buena madre? Pues en la trasera de las galletas por supuesto, no va a ser en “The Lancet” ¿o qué os habéis creído?
Aunque lo peor son los superalimentos-megafuncionales-cuasimedicamentosos como el Danacol, pero de esos hablaré en otro momento, que hay que echarles de comer aparte.
6 Noviembre 2006
Estoy harto. La publicidad de los alimentos probióticos me tiene frito. La desfachatez de sus comerciales alcanza cotas que rozan lo ilegal y sobrepasan con creces cualquier rango de mesura y honestidad. Su publicidad ha dejado de ser engañosa para pasar directamente a la desinformación y la mentira.
Empezaron diciéndonos aquello de los millones de bichitos buenos que te ayudan a estar mejor de la tripa, para pasar ahora a contarnos que el dichoso yogurt aguado de las narices es un cuasimedicamento modulador de la respuesta inmune. Pero la joya de la corona, la perita en dulce la he encontrado en su web. Tienen el rostro blindado para afirmar lo siguiente:
El intestino produce el 75% de las células inmunitarias (glóbulos blancos) y de los anticuerpos de superficie (inmunoglobulina A secretoria) en los que Actimel ejerce una función inmunomoduladora.
(extraído de las preguntas frecuentes de Actimel, cuesta un poco encontrarlo, hay que hacer scrolling en la pregunta “¿Cuál es la función de Actimel?”)
Así, con un par, acaban de atribuírle al intestino la función hematopoyética de los linfocitos, cuando cualquiera que haya estudiado algo de Fisiología Humana sabe que se encuentra en la médula ósea roja. En el intestino se encuentran las Placas de Peyer, unos órganos linfoides secundarios; por decirlo de algún modo, son los cuarteles en los que se acantonan las tropas pertenecientes a la región militar del intestino. Allí alcanzan la madurez, estudian, se entrenan y trabajan. Pero no se generan glóbulos blancos, no nacen en ese lugar; eso es una falsedad intencionada y torticera para darle a nuestro intestino un protagonismo interesado en la construcción de las defensas del organismo. Y lo peor es que les funciona: la gente bebe su producto convencida de que así tendrán garantizadas unas defensas invencibles.
Si queréis saber más sobre el tema, junto con el excelente artículo sobre la inmunidad en las mucosas enlazado más arriba (excelente pero un poco duro para los profanos en la materia), está este otro de la Comisión Europea en el que se hace un repaso general del asunto de los alimentos probióticos.
Por cierto, ahora al fermento milagroso del Actimel le llaman Lactobacillus casei defensis en lugar del anterior L. casei inmunitas. ¿Qué ha ocurrido? ¿Problemas con las patentes o es que nos consideran demasiado cortitos a todos como para no pillar lo de inmunitas y tener que ponernos el más obvio defensis?
« Entradas anteriores
|