Una de las consecuencias que tienen las ideas alternativas a la Ciencia es la de generar argumentos inconsistentes cuando se las enfrenta a un problema nuevo.
Al plantear el problema nos encontraremos con respuestas que Piaget calificaba como “sorprendentes” y que nuestros insignes catedráticos de instituto, en su sapiencia infinita e infalibilidad absoluta, llaman “burradas”, “disparates”, “tonterías” o la más compleja denominación de “Zutanito, estás suspenso para siempre”.
Tomando la cosa un poco a broma, os contaré una de mis favoritas: la historia de la sardina atómica.
Durante una clase de Ciencias Naturales una profesora preguntó a sus alumnos cómo obtenían el oxígeno los peces en el agua. La respuesta más popular entre dichos alumnos fue que lo hacían a base de romper la moléculas de agua (!!!).
Como argumento esgrimían la composición de agua H2O y como respaldo la (presunta) facilidad de ruptura de la molécula.
De nada sirvió la protesta de la profesora y de una alumna que les recordaban que para romper el agua es neceraria la energía de un rayo, que el agua es uno de los compuestos más estables en condiciones estándar. Ellos se agarraban a la lógica de su razonamiento y simplemente obviaban tales datos, sencillamente no reconocían su validez. Vamos, que si un dato te resulta inconveniente, sencillamente lo ignoras y punto.
Tomemos ese razonamiento y llevémoslo al absurdo. Si, por poner un ejemplo, las sardinas rompiesen moléculas de agua para obtener el oxígeno necesario, deberían poseer un sistema de fisión nuclear en sus agallas. La poderosa sardina atómica lisaría el agua, generando así hidrógeno. Este hidrógeno saturaría el mar, o según el mecanismo de lisis, lo volvería hiperácido. Una vez saturado el mar, el H2 se evaporaría, entrando en contacto con el oxígeno de la atmósfera. Como muchos sabréis, el H2 es altamente inflamable y explosivo en condiciones estándar (acordaos del zeppelin Hindenburg)
¡Qué magnífico espectáculo de llamaradas de hidrógeno alumbrando un mar convulso y tornasolado! ¡Qué sobrecogedores estallidos con cada coletazo de los terribles boquerones! Desde luego suena más espectacular que nuestro insulso océano con sus insignificantes huracanes. Al lado del poderío de las sardinas atómicas, la furia del Katrina sería un cuento para niños.