Category: Bricojardin

29 Julio 2007

Milagros jardineros

Guardado en: Bricojardin — Marauder @ 14:26

Dicen los manuales que cuando trasplantas un esqueje de nenúfar a un nuevo estanque, no tendrás flores hasta el año siguiente. Pues esta mañana, en mi humilde nanoestanque, me he encontrado con esto:



nenufar



No sé si es cosa del cambio climático o de que trato muy bien a mis plantas. El caso es que de todos los milagros que me han regalado, este ha sido el más impresionante de todos. Más aún que lo de cultivar fresas en bricks de leche reciclados como macetas o lo de sacar adelante Ginkgos desde la semilla.
Además, hay una segunda flor en camino.

:)

12 Junio 2007

Día 2: El peso del amor.

Guardado en: Bricojardin — Marauder @ 19:06

Con mucho entusiasmo, nos lanzamos a la caza de elementos con los que llenar nuestro arriate. Son necesarios dos tipos: vegetales y minerales. Es decir, rocas y plantas.
En el macetón que vimos en el post anterior, colocaremos unos nenúfares “robados” a mi abuela, quien los cultiva amorosamente en un gran cubo de agua que tiene en el patio de su casa. Se trata de una variedad enana de Nymphaea alba, el nenúfar blanco, ideal para nanoestanques.
A mayores también le trajimos un compañero de porte alto, un Iris pseudoacorus, iris amarillo, para que no se sienta solo (y haya algo que sobresalga de la maceta o parecerá desde lejos que está vacía).
Como árbol finalmente nos decidimos por un Cedrus deodara glauca “pendula”, cedro azul del Himalaya variedad “pendula” ; un mutante de color azul incapaz de crecer con las ramas erguidas, por lo que caen en arco dándole un aire lánguido y elegante.







En cuanto a los elementos minerales la cosa fue un tanto más… fatigosa. Al volver del centro de jardinería, subimos al monte, a un descampado en el que algún día puede que construyan algo. El caso es que allí abundan piedras interesantes de muchos tamaños distintos. Buscábamos un seixo (roca compuesta exclusivamente de cuarzo), blanco a ser posible. Minina encontró uno. De todos los que vio le gustó ése. Y sólo ése. El amor es lo que tiene.
Miré a la roca semienterrada y ella me miró a mí. Me temía un efecto iceberg, pero dije que la llevaría a nuestro jardín. El amor es lo que tiene.
Cavé… cavé… y cavé, hasta desenterrar al burlón iceberg blanco de vetas azuladas. Recordé las tres cosas que mi abuelo me enseñó acerca del arte y oficio de mover piedras sin medios mecánicos:

  1. Nunca te pelees con la piedra pues la piedra siempre es más fuerte que tú.
  2. Tus argumentos para que persuadirla de que se mueva serán maderas, piedras pequeñas y tierra.
  3. Dedícate a estudiar, que mover piedras es un trabajo de bestias.

Aplicando todo esto logré subir el pedrusco a la carretilla, la cual se quejó ostensiblemente y estuvo a punto de partir el eje en al menos tres ocasiones. Decía el folleto que la carga de trabajo recomendada no debería exceder de los 200 kg. El amor puede llegar a pesar mucho. Pero logramos llegar sanos y salvos hasta el parterre.







Hubo que retirarle algunos fragmentos ya prácticamente rotos, para evitar daños a los seres vivos que pululan y echan raíces en el jardín. Los sobrantes fueron triturados a martillazos hasta hacer grava blanca con la que contrastar a la de color gris azulado que trajimos del centro de jardinería.







Así quedó finalmente. En el próximo episodio les daré la brasa con el significado filosófico-paisajístico de la composición.

;)

6 Junio 2007

Día 1: ¡Cavad, cavad malditos!

Guardado en: Bricojardin — Marauder @ 12:09

Mi larga ausencia tiene la justificación habitual de modo que no me voy a entretener en ella.
Entre otras muchísimas cosas, estos pasados días he estado remoldelando el microjardín. En un nuevo gesto poco original y algo friki, retraté el proceso constructivo con el ánimo alevósico de darles la chapa con el asunto jardinero. Lo hago por varias razones:

  • Estoy muy orgulloso de mis trabajos manuales.
  • Sé que hay gente que lee esta bitócora a la cual le encantan estas cosas (aunque puede que no lleguen a confesarlo nunca, ni siquiera bajo pseudónimo).
  • El blog es mío y escribo en él lo que me da la gana.

Este era nuestro jardín antes de emprender las reformas:







Analicemos la imagen. Mide 23 metros cuadrados más 8,5 de terraza y está organizado en una versión informal del esquema clásico romántico inglés. Consta de un parterre, una proto-rosaleda (en crecimiento), terraza forrada de madera, una serie de cobertizos (para trastos, herramientas, leña…), un huerto (con su compostador), una zona de césped y un camino recto con losas y grava.
Como pueden ver es muy geométrico y abundan las líneas rectas que le dan profundidad, simetría y equilibrio. Sin embargo, no acabamos de estar contentos con su aspecto. Planificamos continuar la evolución en la misma línea romántica informal, pero finalmente la Minina propuso un giro hacia Oriente, ya que los estilos orientales sacan mucho más partido a los espacios pequeños, mientras que los occidentales exigen parcelas más amplias para lucir en todo su esplendor.
Así pues lo replanteamos todo y decidimos comenzar por el parterre central, ya que todas las reformas previstas no pueden hacerse de golpe. Por eso hay que organizar y ejecutar los trabajos de manera que el jardín siga luciendo para disfrutar de él, en lugar de tener durante meses una cosa en obras, a medio hacer, llena de zanjas, escombros y sin flores porque estás pendiente del proveedor cabronazo que se ha retrasado (otra vez) con la entrega de materiales.
El objetivo es convertir el jardín en un Roji: el jardín de té japonés.

MANOS A LA OBRA







Una vez tomadas las medidas y delimitado el parterre (también llamado arriate), se cava profundamente, enterrando en el fondo el césped y retirando las (numerosas) piedras y escombros que aparezcan.







Con un poco de sudor y tiempo, queda listo el terreno para el siguiente paso. ¡Qué pequeño parece en esta foto y qué inmenso se hace cuando estás sacando las últimas paladas de tierra!







Vamos a colocar una linterna japonesa como elemento central. Para ello le hacemos una base con unos ladrillos que quedarán escondidos bajo la tierra. Hay que colocarlos con mucho cuidado, pues el terreno, aunque no se aprecie en las fotos tiene una notable pendiente y es muy arcilloso. Una vez puestos y cuidadosamente nivelados, se asientan con tierra y agua para que hagan firme y no queden burbujas de aire que luego puedan favorecer desplomes. No he usado cemento, pues puede ser necesario reubicar el elemento cuando el jardín alcance su aspecto definitivo. El cemento haría muy pesadas las labores futuras.







La linterna no es de granito, por razones obvias de disponibilidad, peso y precio. Aquí tienen algunos ejemplos de lo que debería ser. Pero nosotros nos tenemos que conformar con un fake de creámica. Tal vez algún día…
Colocamos los demás elementos para hacernos una idea de la composición. Un arbolito (en este caso nuesto bonsai de Ginkgo, al cual he criado desde que era una semilla) y un macetón de plástico que será nuestro mini estanque. El Ginkgo no nos acaba de convencer, lo sustituiremos por otro árbol más adecuado en el próximo episodio.

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