¡Terremoto!
Nos despertó esta mañana a las 7.31 hora local. Fue una sacudida de unos pocos segundos, pero suficiente para despertarnos y aterrorizar a Marie (nuestra gata) que corrió a esconderse debajo de la cama. El instinto es poderoso, el instinto es sabio.
El primer periódico en dar la noticia ha sido la versión electrónica de El Correo Gallego. El artículo está bien escrito y es recomendable. También tiene sección de comentarios, que viene bien para recoger testimonios de los que lo hemos experimentado.
Es ya mi tercer terremoto. No ha sido el más fuerte, y la verdad, aunque inquietante, no me ha producido desasosiego. Comparado con la explosión de la pirotécnica que hay cerca de mi casa, el temblor de esta mañana fue una nadería. Lo de la pirotécnica sí que fue aterrador. Coincidió que estaba despierto en aquel momento de la madrugada y la sensación de la onda expansiva es mucho peor que la de un movimiento telúrico. Tiene algo que te causa una sensación de malignidad, quizá sea el hecho de que una explosión de pólvora no es algo natural. Nuestro organismo no ha sido preparado para ello, sí para los terremotos, los truenos, los vendavales, pero no para los explosivos químicos. Quizá es el saber que la mano del hombre está detrás de esa explosión lo que transmite esa sensación de perversidad. La sensación de que está ocurriendo algo que no debería ocurrir y que el interés de una persona está detrás de la catástrofe.
Pero volviendo al terremoto. Fue de 5.0 grados en la escala de Richter, lo que no está nada mal para estas latitudes. El epicentro se sitúa a 43 Km al Noroeste de Malpica (bueno, para los foráneos, a 60 Km al Noroeste de A Coruña), bajo el mar. Esta vez no ha sido en Triacastela, como especulábamos esta mañana. Los datos técnicos os los cito a continuación extraídos del periódico:
Los últimos datos del Instituto Geográfico Nacional revelan que el terremoto fue sentido con una intensidad IV en la Escala Macrosísmica Europea. Esto significa que es sentido por muchas personas en el interior de los edificios y por pocas en el exterior. Un buen número de las personas que dormían en esos momentos suelen despertarse, aunque el nivel de vibración no es preocupante. Las ventanas, puertas y vajillas pueden vibrar, lo mismo que algunos objetos pequeños.
Para más información os remito al periódico, en el enlace del principio.




Comentario by Balcius
El hecho de que tengamos más sensibilidad a los peligros humanos que a los naturales se debe más bien al proceso de socialización que a conceptos éticos como “maldad”. Lo cierto es que tememos más a la maldad que al verdadero peligro, porque nos hemos desligado de la sensibilidad animal y el instinto de supervivencia, y éste ha sido sustituído por un extraño fantasma de conciencia de “bien y mal”. Debemos uhír del fuego “porque es malo”.
Pues bien, la energía liberada por un deslizamiento de placas es sobrecogedora, mucho mayor de la que toda la humanidad pueda generar durante todo el tiempo que dure su estancia en este planeta. Tan grande como para ser capaz de desplazar millones de toneladas de terreno, y hacer temblar miles de kilómetros cuadrados de superficie, y comprimir y expandir kilómetros cúbicos de terreno… ¿¿Cómo no va a producir esa energía un efecto en todo bicho vivo?? Se sabe que se producen graves alteraciones electromagnéticas, gravimétricas, microtemblores, todo un rosario de avisos que no somos capaces de sentir, porque nos hemos olvidado de sentirlas. La autoconsciencia y el desarrollo intelectual nos ha alejado de la naturaleza, pero aun no nos pone a salvo de ella.
Comentario by Marauder
El poderío de los movimientos tectónicos es indiscutible. Pero permíteme que le tema más a la sacudida de la explosión de varias toneladas de pólvora al lado de mi casa, que a un temblor producido a más de 120 Km.
De hecho, casi me pareció agradable. Fue una vibración tan poderosa, tan primaria que lo único que aciertas a hacer es quedarte ahí quieto sintiéndola. No paraliza de terror sino de asombro.
Bueno, eso los temblores leves. Me imagino que cuando pasamos de 6.0 y la casa empieza a crujir y a derrumbársete encima, debe ser bastante aterrador.
Sin embargo siempre ma ha dado la sensación de que las caras de terror de los supervivientes de un terremoto son mucho más saludables que las de los que sobreviven a un bombardeo aéreo.