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	<title>Comentarios en: Número 300</title>
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	<description>Esto era un blog científico y personal. Ahora es un blog personal y científico.</description>
	<pubDate>Thu, 20 Nov 2008 10:49:08 +0000</pubDate>
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		<title>By: Balcius</title>
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		<dc:creator>Balcius</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Aug 2007 20:31:44 +0000</pubDate>
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		<description>Felicidades. Me gustan este tipo de entradas, recuerdo que hacías muchas.

Me temo que en este caso a mí no me ha funcionado, pero me encantan esas ilustraciones de no hace muchos siglos (de hecho, tan sólo tres siglos) que dibujan el interior de la tierra lleno de fuego que sale por las fumarolas de la corteza. Recordemos que si no es por los cálculos de Newton -la ley de gravitación es un arma potente-, incluso entonces seguirían creyendo que el interior de la tierra era hueco y cavernoso, como corresponde a la idea de submundos poblados de demonios. Todo el conocimiento de la estructura de la tierra es jóven, nace con la Geofísica, a principios del siglo XX. Todavía no se ha instalado bien en la conciencia colectiva, que parece tener más inercia aun que el propio planeta.

Un apunte solamente: el manto terrestre está, efectivamente, constituido por una mezcla de silicatos y silicoaluminatos a muy alta temperatura (unos 3000 a 4000 grados), pero a tal presión que no están realmente líquidos, sino en un estado plástico en el que fluyen a muy baja velocidad. Precisamente ese es el problema: cuando afloran, la descompresión los licúa y se meten por entre las grietas, salen al exterior y lo dejan todo perdido de lava, cenizas y demás.

La dinámica terrestre es gigantesca, extremadamente lenta, infinitamente poderosa, en comparación con nuestra estúpida bomba atómica y nuestro ridícula presuntuosidad de tecnófilos. Me hace recordar eso que dicen los chinos: El individuo es un punto entre la multitud, es un segundo en la historia, es un punto en el gigantesco universo. Lo único que nos haría grandes es la humildad de admitirlo, y el ansia por entenderlo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Felicidades. Me gustan este tipo de entradas, recuerdo que hacías muchas.</p>
<p>Me temo que en este caso a mí no me ha funcionado, pero me encantan esas ilustraciones de no hace muchos siglos (de hecho, tan sólo tres siglos) que dibujan el interior de la tierra lleno de fuego que sale por las fumarolas de la corteza. Recordemos que si no es por los cálculos de Newton -la ley de gravitación es un arma potente-, incluso entonces seguirían creyendo que el interior de la tierra era hueco y cavernoso, como corresponde a la idea de submundos poblados de demonios. Todo el conocimiento de la estructura de la tierra es jóven, nace con la Geofísica, a principios del siglo XX. Todavía no se ha instalado bien en la conciencia colectiva, que parece tener más inercia aun que el propio planeta.</p>
<p>Un apunte solamente: el manto terrestre está, efectivamente, constituido por una mezcla de silicatos y silicoaluminatos a muy alta temperatura (unos 3000 a 4000 grados), pero a tal presión que no están realmente líquidos, sino en un estado plástico en el que fluyen a muy baja velocidad. Precisamente ese es el problema: cuando afloran, la descompresión los licúa y se meten por entre las grietas, salen al exterior y lo dejan todo perdido de lava, cenizas y demás.</p>
<p>La dinámica terrestre es gigantesca, extremadamente lenta, infinitamente poderosa, en comparación con nuestra estúpida bomba atómica y nuestro ridícula presuntuosidad de tecnófilos. Me hace recordar eso que dicen los chinos: El individuo es un punto entre la multitud, es un segundo en la historia, es un punto en el gigantesco universo. Lo único que nos haría grandes es la humildad de admitirlo, y el ansia por entenderlo.</p>
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