Rencores (II): un saco de Wolframio
El wolframio, volframio o tungsteno es un elemento químico de número atómico 74. Metal escaso en la corteza terrestre, se encuentra en forma de óxido y de sales en ciertos minerales. De color gris acerado, muy duro y denso, tiene el punto de fusión más elevado de todos los elementos. Se usa en los filamentos de las lámparas incandescentes, en resistencias eléctricas y, aleado con el acero, en la fabricación de herramientas.

Eso es en general, pero en los tiempos en que mi abuelo era joven, el wolframio (wolfram para los amigos) tenía más propiedades. Una era la plusvalía germánica. Me explico. Antes incluso de estallar la II Guerra Mundial, los alemanes trataron de asegurarse un buen suministro de wolframio, pues lo necesitaban para el blindaje de sus panzers y la precisión de sus cañones. Pero en toda Europa, el único lugar en el que el wolframio está presente es el llamado Macizo Hespérico, dentro del cual se incluye nuestra pequeña esquina del mundo. El caso es que merced a esta demanda y a las maniobras económicas de los británicos, el kilo de wolframio valía más que un kilo de oro (y no es una exageración poética). Muchos seguro que habéis oído hablar de esta fiebre del wolfram que sacudió nuestra región a lo largo de los años 30 y 40.
La otra propiedad destacada era su toxicidad. El wolframio era venenoso y su veneno se podía clasificar en dos tipos:
- Tipo I: destruía el cuerpo
- Tipo II: corrompía el alma
Un ejemplo de envenenamiento de Tipo I fue Jemiro. Al calor de la fiebre del wolfram, nació la Mekinsa, una fundición que oficialmente hacía lingotes de estaño pero que sobre todo se dedicaba al refinado de mineral de wolfram. Mi abuelo trabajó un tiempo en esa fundición, pero salió de allí en cuanto pudo encontrar otro trabajo. Cuenta que las condiciones eran horrorosas, porque la salud de 50 hombres era más barata entonces que unas buenas instalaciones de extracción de vapores tóxicos. Pero Jemiro no tuvo tanta suerte (o no quiso buscar otra cosa) y trabajó muchos años allí. Tantos que a los cuarenta y pocos años lo jubilaron, oficialmente por silicosis, pero lo que en realidad tenía era un envenenamiento por metales pesados. Mi abuelo apuesta por el arsénico, yo por el cromo. Aunque puede que los dos tengamos razón, ya que el wolfram tiene muchos amiguitos que lo acompañan. Jemiro era un hombre risueño, feliz, siempre sonreía. Era de esos tipos (a los que envidio) que sacan lo mejor de sí mismos ante la adversidad. Y él tuvo mucho tiempo y ocasiones para hacerlo. Nada consiguió arrancarle el buen humor, ni siquiera el cáncer de huesos que acabó por vencerle. La silicosis no pudo con él cuando todos creían que un mal catarro se lo llevaría a la tumba (yo jamás le oí toser), pero los venenos minerales son implacables.
De Jemiro recuerdo con simpatía a su vaca enamorada. No toleraba que ninguna mujer se acercase a él y trataba de cornearlas cuando lo hacían. También era terca, muy terca. Jemiro tenía el peculiar sistema de hacerla entrar en razón a base de morderle una oreja y tirar en la dirección en que el animal se tenía que mover.
En cierta ocasión, la cerda de cría que tenía, pisó a uno de los cochinillos. Tan mala fortuna tuvo el pobre, que la pezuña le rajó el vientre dejándole con las tripas al aire. Pues Jemiro, ni corto ni perezoso, cogió aguja e hilo y se puso a coser la barriga del desafortunado, riéndose a mandíbula batiente de los gritos histéricos de su mujer ante tal escena. El cerdito, con su zurcido impecable, sobrevivió y murió de muerte natural. Bueno, de lo que es natural en un cerdo de casa: degollado sobre un banco de madera al alcanzar el peso y tamaño adecuados.
Por fortuna para el mundo, uno de los nietos de Jemiro es casi una fotocopia suya.
El ejemplo de Tipo II vivía a unas decenas de metros de la casa de Jemiro. Le llamaremos Pepe “o da Ghranxa” (léase la gh como jota aspirada) en referencia a la finca que compró para instalarse allí. Habitaba un caserón enorme, de buena sillería, con palomar y todo. Su finca era inusualmente grande para el estándar minifundista por el que somos famosos. Lo compró todo de una sóla vez gracias al wolfram.
Este individuo, por llamarle algo, era vigilante de mina. En aquellos tiempos en los que el mineral negro y pesado era más valioso que el oro, un saco de wolframio podía sacarte de la miseria. La Guardia Civil disparaba a matar a los ladrones de mineral, pero la tentación era grande. Pepe no tenía el cuajo suficiente para robarlo, así que se dedicó a la venta de información:
- Vendía horarios y oportunidades a los ladrones para hacerse con el mineral
- Vendía a la Guardia Civil las horas y las rutas de esos mismos ladrones
De los ladrones cobraba en efectivo y de la Guardia Civil cobraba una recompensa en especie del botín recuperado. Pepe juntó así muchos sacos de wolframio y no quedaron testigos de su doble juego que le pudiesen molestar, gracias a la puntería de los guardias. Pero todo acaba por saberse, aunque te vayas lejos de tu pueblo, y la gente procuraba evitarle. La espalda se le inclinó pronto y la vejez se lo llevó rápido. Muy rápido, mucho antes de que Jemiro dejase la Mekinsa. Tal es el poder de los venenos del alma. Sus herederos partieron en mil parcelas la finca, restaurando el sacrosanto minifundio. El caserón, vacío durante décadas, fue adquirido y restaurado (con muy buen gusto por cierto) hace poco. La Mekinsa ya no existe y en su solar se han edificado chalets de lujo (es lo que tiene hacer fábricas al lado de la playa).
Todas las minas de wolframio han cerrado; Fontao, San Fins, Monte Neme, As Sombras… Pero no están muertas, sólo duermen. Si se interrumpe el flujo de este metal desde China y nos vemos envueltos en otra gran carnicería como la del 39, podéis estar seguros de que las minas despertarán. Y el wolfram volverá a esparcir su veneno sobre nosotros.




Comentario by Eddy_Lebowski
Una historia muy interesante, no había oído hablar de ese metal en mi vida. Seguiré con atención tus “rencores”.
Comentario by el gran chimp
Licenciado, me reafirmo en mi comentario anterior. Es usted una caja de sorpresas. Supongo que Galicia es, ciertamente, una tierra fully-loaded de historias reverberantes.
Yo me imagino a Indy luchando contra esbirros galegos en una mina de wolframio. Que no?
Comentario by Marauder
Gran Chimp, Indy lo iba a tener muy crudo, las galerías de la minas de wolfram son de lo más angosto (la de esta foto es la más espaciosa que he visto nunca). Sería sin duda un combate muy arrimadito.
Comentario by pez
Que historia más buena.
Comentario by agente_naranja
Pos yo como futuro (creo) ing.mecánico había oido comentar del Wolframio como material para piezas de corte, pero no sabía cuanto daño había hecho.
En fín, malditos metales pesados :P
Comentario by toxcatl
Bufff
da repeluco el del latifundio…
Comentario by folken
Ahhh, que recuerdos me trae el wolframio, inventado en 1852 por wolfram amadeus mozart fue el arma secreta del vietcong contra vietnam del sur
Comentario by kaleidoscopegirl
Increíble.
Comentario by Coronel Kilgore
Pues sí, bendito wolframio que llevo a los Panzers a su época dorada.
Comentario by eddy_lebowski
Folken eres un genio.
Comentario by Diego
Enhorabuna. Me parece genial esta columna. Tengo abundante información acerca de las minas de Fontao y ahora mismo estoy elaborando una web (www.minafontao.es)que en breve se pondra a disposición de todos vosotros, aunque ya se pueden ver algunas cosas. Un saludo.-
Comentario by Diego
Por cierto, impresionante la foto de Casaio. Teneis más?
Comentario by Marauder
La principal fuente en Internet de fotos de la mina de Wolframio de Casaio es la siguiente:
http://www.yatengoweb.com/es/brasa/gallery.php?album=MINA_DE_WOLFRAMIO_EN_CASAIO/
El diseño de la página es bastante horroroso, pero tiene una estupenda colección de fotos tanto de la mina como de los alrededores y de la vida de los mineros. Son en total 22 instantáneas en blanco y negro que retratan los años del wolfram en aquellas tierras.
Comentario by Diego De La Torre
Conocí a un alemán llamado Wolfram e intrigado le pregunté ¿Wolfgang o Wolfram? entonces me contó que su abuelo trabajaba en una acería, y le puso a su hijo el nombre del mineral, nombre que también él llevaba, esto da una idea de como valoraban, despues de la gran Guerra, a este mineral.
Me ha hecho reir a carcajadas el comentario sobre el fin del cerdito salvado por Jemiro. Gracias¡
Comentario by armando
me guataria saber mas sobre las caracteristica del wolfram si son tan amables garcias