Rencores (I): Una boñiga de vaca.
Doy comienzo a una nueva serie de post temáticos, titulada Rencores y que dedico a Kaleidoscope Girl en honor a su fascinación por historias como las que voy a relatar.
Me lo he planteado como ejercicio de higiene mental, no tanto propia como de mi entorno cercano, pues dichas historias no me involucran a mí más que como oyente del relato de quienes las vivieron. Son bastante antiguas, pero encierran las mismas mezquindades y horrores que cada uno de nosotros puede encontrar en sus peores momentos. La mayoría me fueron contadas a partir del momento en que mi familia me consideró un adulto, ya que son cosas de las que nunca se habla en presencia de los niños. De ahí que para mí signifiquen mucho y hasta les tenga cierta forma de cariño a pesar de lo horrorosas que son. Espero no disgustarles demasiado.

Nunca le vi caminar. Siempre salía de su casa en aquel enorme Mercedes blanco (un 240 creo que era). Se apellidaba Villalarga (por poner un apellido) y murió hace algunos años. Mi abuelo le conocía bien, pues era el suegro de uno de sus hermanos. Los matrimonios establecen extraños lazos, pero es algo inevitable en los pueblos pequeños. Jamás hablé con él pese a frecuentar bastante su casa cuando venía de visita mi tio-abuelo Paulino, que en paz descanse. Tampoco me gustaba. Era un señor ruin, engreído y con cierto deje atormentado.
Con los años supe acerca de los fantasmas que lo atormentaban. En los tiempos previos a la Guerra Civil, este señor militaba entre las filas republicanas. Todo un comunista convencido, activo y luchador. Pequeño empresario a bien con los que nos gobernaban entonces. Pero las cosas se torcieron un mal día de 1936. Un grupo de militares sublevados empezó el pulso al gobierno, pulso que se convirtió en una de las Guerras Civiles más crueles y sangrientas que esta Iberia nuestra ha tenido el dudoso honor de engendrar y padecer. Nuestra pequeña esquina del mundo quedó enseguida bajo el control de los sublevados y Villalarga empezó a sudar frío. Hombre pragmático y calculador, viró su camisa y se colocó una vez más al lado de los vencedores. Para asegurarse una buena posición y dejar bien clara su devoción y fidelidad al nuevo Amo, vendió a sus compañeros de partido (un claro ejemplo del sacrosanto “Mejor-tú-que-yo”). No sólo los delató, sino que condujo personalmente la cuadrilla de detención a los escondites en los que intentaban pasar desapercibidos.
Los fueron cogiendo a todos. Pero uno de ellos no estaba donde él esperaba encontrarlo. Fueron a su casa y allí montaron un interrogatorio a la vieja usanza. Ya sabéis, gritos, insultos, patadas en los riñones, la pistola en la mano todo el rato y “os-voy-a-matar-a-todos-como-no-me-digáis-dónde-está”. Lo de siempre. En la casa sólo estaban la madre y el hermano pequeño del susodicho rojo, que a la sazón contaba con 13 años de edad. Le llamaremos Ramón, por llamarle de algún modo.
Pasaron los años y Ramón se hizo mayor, pero la miseria y la enfermedad le mermaron la salud y la cordura. En los últimos años ya no era muy dueño de sí mismo y acostumbraba a vagar por los caminos. En aquel entonces la aldea era aldea, no como ahora, que es parte del continuo urbanístico del pueblo. Los caminos eran más solitarios y solían estar alfombrados por el barro de las lluvias y las boñigas de las vacas.
Un mal día Villalarga volvía andando del pueblo cuando se encontró con Ramón en la soledad del camino. Sin mediar palabra, Ramón se abalanzó sobre él, derribándole. Una vez en el suelo le inmovilizó y fue entonces cuando habló. Le recordó cómo habían entrado aquella noche en casa, buscando a su hermano. Le recordó cómo habían aterrorizado a su madre y cómo él, personalmente, agarró a aquel chaval de 13 años por los pelos, lo zarandeó y tiró al suelo. Mientras relataba todo esto, Ramón, para dar énfasis a su discurso, obligó a Villalarga a comerse una boñiga de vaca. Puñado a puñado. Toda entera.
Cuando acabó el ágape le dejó ir y Villalarga llegó a su casa pálido y vomitando. Nunca más volvió a ir andando al pueblo. Se compró el Mercedes y anduvo con él hasta el fin de sus días, a pesar de que Ramón murió mucho antes que él.
Al conocer la historia entendí porqué aquel señor arrogante siempre llegaba pálido y aterrado, hundido en el asiento de su Mercedes, cada vez que subía la cuesta que le llevaba a casa.




Comentario by Minina de Cheshire
Es lo que tienen los cabos sueltos. Que crecen y te guardan rencor. Personalmente creo que “Ramón” hizo más daño a aquel hombre con el display de la boñiga que pegandole un tiro. El miedo es el más poderoso amigo de la venganza. Se retroalimenta y crece sólo. Sigue ahí cuando te hayas ido.
Comentario by KaRMe
Estas cosas son muy típicas de allí (y espero que no del resto del mundo). Espero al resto de las historias, que me voy a partir. Alguna que otra (que ya me suena) cuento con enlazarla, lo prometo, aunque sólo sea por demostrar lo originales y retorcidos que somos por la zona :)
Comentario by Minina de Cheshire
Ya tenemos buena fama (de narcotraficantes y estafadores….) Vamos a mejorarla…..
Comentario by Eddy_Lebowski
Yo creo que una moñiga de vaca le han hecho tragar a gente de todo el mundo, precisamente a uno que yo conozco le hicieron tragar una de perro hace un tiempo, aunque me enteré hace poco. Lo que si que impresiona es que el pavo no arremeté contra el chaquetero hasta pasados unos años, como si hubiese tenido una inspiración divina.
Comentario by kaleidoscopegirl
Sí, yo también alucino con que el tío haya esperado tantos años, pero es lo que tienen estas historias de revenge, de cómo la gente da sentido a su vida maquinando estos actos. Cuánto tiempo habrá estado Ramoncito dándole vueltas, pensando cuándo será el mejor momento para la comida de boñiga.
Galicia es el lugar más siniestro de España, con sus bosques, sus desastres, su Fraga, sus operaciones nécora, su cerdo de Ortigueira y sus “en un mercedes blanco llegó”… Fascinante.
Comentario by el gran chimp
Seguro que Chicho Ibáñez Serrador haría un “historia para no dormir” con esto. Desde luego la venganza es un plato que se sirve helado, de cocción muy lentaaaa.
Científico Marauder, cada día me sorprende usted más. Es realmente polihédrico.
Comentario by Marauder
Eddy, Kaleidoscope Girl, no se extrañen de la tardanza de Ramón. Pónganse en situación: la Galicia de posguerra, un chico pobre y huérfano de padre enfrentado a un nuevo converso del Movimiento, dueño de una fábrica de parquet y puesto a bien con la Iglesia y los militares. David vs Goliat. En aquellos tiempos uno se ganaba una plaza en la cueneta por mucho menos.
Lo raro es que un Ramón llegase a hacer algo en esta Galicia oscura, siniestra, caciquil y medieval.
Y en esta historia todavía hay algo de equilibrio y cierta forma de justicia. Las siguientes son mucho peores.
Gran Chimp, ruego al cielo y al infierno para que Chicho no se fije en mis historias. Y ciertamente, mi blog cada día es menos científico y más personal debido a las influencias de todos ustedes. Lo cual me agrada. Cuantas más facetas del poliedro enseño, más humano me siento. Reconforta.
Comentario by folken
me recuerda a una historia de un tioabuelo mio con un burro. Lo único es que él nunca golpeó al señor del movimiento, y eso que también denunció a su hermano…
Comentario by el gran chimp
Disculpen la H poliédrica. Cagada.