Tengo, tengo, tengo…

Guardado en: Ideas alternativas; Author: Marauder; Posted: Noviembre 13, 2006 at 9:01 am;

… tú no tienes nada.
Aunque más que de lo que se tiene hoy hablaremos de lo que no se tiene. Siguiendo el hilo de las cuestiones alimentarias, hemos hablado de las cosas de las que las empresas presumen en sus productos (que si el omega3, que si la vitamina C…), ahora hablaremos de lo que no tienen. Todo empezó con el azúcar. Era el malo maloso de la película que nos hacía engordar miserablemente a causa de nuestras dulces pasiones, arrebatos golosos que daban con nuestros huesos y michelines en la consulta del nutricionista. Fue la moda en los ochenta, los productos light (conocí esa palabra en inglés por los anuncios antes que en las clases de la escuela). Todos querían ser light, desde las galletas hasta la mayonesa; no eras nadie en el mundillo si no tenías en tu cartera de productos al menos una versión light. Esos anuncios casposos de chicas con calentadores y cintas elásticas recogiendo sus rizadas melenas… ¡Qué tiempos aquellos!
Casi al mismo tiempo llegó la paranoia de la sal. Todo sin sal, el pan sin sal, los embutidos sin sal, los precocinados sin sal… fue la era dorada del glutamato monosódico (E621) y los acidulantes, porque sino a ver quién es el guapo que se traga una comida sin azúcar ni sal.
Más tarde, y sin abandonar ninguna de las anteriores modas, llegó el colesterol. ¡Ay amigos! Nunca un metabolito dio tanto juego a la industria alimentaria. Estamos ante el requetemalo, el supervillano que tiene un plan para domminar el mundo y convertirnos a todos en miserables y cardiopáticos rollos de manteca (como si la ausencia de colesterol no generase enfermedades terribles). El colesterol nos lo dibujan como un ente misterioso y maligno que brota espontaneamente en nuestros organismos (la frase siempre es “Me salió colesterol”, en lugar de lo que debería ser un “He pasado toda la vida poniendome ciego de tocino y ahora claro…”). Como todo buen maligno que se precie tiene también un ejército de acólitos y segundones que responden al nombre de triglicéridos, grasas saturadas o simplemente grasas. Pues bien, ahora lo que mola es presumir de la ausencia de colesterol. Hasta el punto de que en los caramelos se vanaglorian de que no tienen colesterol. Por supuesto que no, un caramelo está hecho fundamentalemente de azúcar, y, a menos que sea un tofe, no se le añade grasa alguna. Pero eso no quiere decir que el caramelo de marras no te engorde. Esto nos lleva a la nueva táctica: el 0%. Te dicen que tiene un 0% de colesterol, de proteinas, o simplemente de materia grasa; dándote a entender que el alimento en cuestión no te va a engordar. Lo que no te dicen (excepto en la tabla de composición que casi nadie lee porque hay que ser licenciado para entenderla) es que han atiborrado el producto de azúcares para que te lo tragues con gusto.
Como ahora resulta que la gente se quiere cuidar y les da por intentar leer la dichosa letra pequeña; ha aparecido un nuevo engaño que, de tan burdo, resulta grotesco. Es la presunción de, sobre todo refrescos, “menos de una Caloría” y en letra micropulga te dicen: “Cal=Kcal”. Este es un pequeño truco de prestidigitador que se aprovecha de cierta ambiguedad generada por el uso impropio y descontextualizado de dos sistemas de notación distintos. En Biología se emplea la Caloría (con c mayúscula) que equivale en el sistema técnico (empleado por fisicos y químicos) a la kilocaloría (1000 calorías con c minúscula). Obviamente el común de los mortales, que apenas ha llegado al instituto, no controla estas sutilezas técnicas. Es de esto de lo que pretenden aprovecharse.
Como el truquito empieza a dejar de funcionar y la gente cada vez lee más y entiende lo que lee (el rollo de las calorías empiezan a tenerlo controlado) están empezando a expresarlo en kilojulios (kJ), que mola más y se entiende menos. A ver si así nos despistan un poco.

3 comentarios »

  1. Pingback by Minina de Cheshire » Así como toda carencia es desgracia,

    [...] Carecer de algo que el común de los mortales desprecia es, en efecto, una gran desgracia para muchos niños. Desgracia que no suele durar mucho puesto que cuanto mayor es la carencia, menor es la esperanza de vida. En varias ocasiones he oido como ciertas personas se vanagloriaban de: “No tener colesterol“. Supongo que, de saber la gran estupidez que están diciendo, mantendrían su boquita cerrada. Tal y como nos cuenta Marauder, últimamente lo más es consumir alimentos sin colesterol o que “ayudan a reducir el nivel de colesterol” (a los que Marauder echará de comer aparte). El colesterol también es un problema para aquellos que padecen el Sindrome de Smith-Lemli-Opitz, pero por motivos diametralmente opuestos a los de Verónica Forqué. Los individuos homocigotos presentan una concentración disminuida de colesterol y un acúmulo de esteroles anormales derivados de precursores del colesterol (7-dehidrocolesterol, 8-dehidrocolesterol, nortrienol, componentes oxidados, etc.). Este síndrome está causado por mutaciones recesivas en el gen que codifica la enzima 7-dehidrocolesterol reductasa localizado en el cromosoma 11 (11q13). Orpha.net [...]

  2. Comentario by Eddy_Lebowski

    Un amiguito mio cuando era pequeño siempre me pronosticaba futuros problemas de colesterol (frase heredada de su madre, ya que no dejaba de repetírsela a él) porque no hacía más que comer guarrerías. Al final resultó que estaba (y estoy, al menos en lo que al colesterol se refiere) más sano que un roble.

  3. Comentario by folken

    con lo sano que es comer un trozo de pan seco y un cachito de queso al día… tienes todos los macronutrientes necesarios, y los micro, y los que no exieten

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