Los sin nombre
Nacen frente a las costas de �frica, nutriéndose de la humedad evaporada del mar. Después se arrastran perezosamente hacia el Noreste. A veces se disipan como tormentas más o menos fuertes, pero muchos son ambiciosos y engordan con más humedad, girando sobre sà mismos en una frenética carrera hacia las costas caribeñas. Entonces es cuando les ponen nombre. Hablo de los huracanes, un fenómeno meteorológico conocido por todos gracias a la televisión.
Lo que no nos cuentan es qué pasa con ellos cuando acaban su viaje. Dicen que, una vez rebasado el mar Caribe, se suben a la corriente del Golfo y mueren en el corazón del Atlántico. Aunque a veces consiguen cruzarlo, manteniendo su nombre, su identidad, llegan a las costas de Galicia una vez cada 8 o 10 años. Rompen árboles, arrancan algunos tejados, causan más o menos destrozos y mucho susto. La gente susurra sus nombres cuando se aproximan, pero a excepción de Hortensia, en general traen mucho ruÃdo y pocas nueces. Como nos pasó este año con Gordon.
Pero la mayor parte de las veces lo que ocurre es otra cosa. El huracán y su nombre se desvanecen en una zona del Atlántico conocida como el Gran Sol. Es una región más allá del fin del mundo, al Oeste del Oeste de Irlanda, el corazón oscuro del Mare Tenebrorum romano. Ese lugar es rico en pescado, y los marineros (Ricky Dávila los retrató muy bien), acuden allà atraÃdos por la cantidad y calidad de las capturas. Pero el Gran Sol es también el Gran Cementerio de Huracanes (y la cuna de las olas monstruo, pero esa es otra historia). Allà es donde mueren. Y pueden hacerlo de varias formas: con clama o con violencia. Cuando lo hacen en calma, sencillamente llueve muchÃsimo con vientos moderados. Pero en ocasiones, el huracán resucita, como un zombi y se arrastra hacia la costa a través del Golfo de Vizcaya.
Estos zombis no tienen nombre propio, ni identidad. Son borrascas profundas de vientos que no superan los 110 km/h, pero capaces de soplar y soplar durante dÃas. Pero la fuerza del “huracán zombi” no es el viento sino la lluvia. Uno de estos , el zombi que un dÃa se llamó Helen, inundó Cee a principios de mes. Sin embargo no es nada comparado con el que nos está castigando ahora. Desde mediados de la semana pasada, se dedica a rascar en mi ventana. Ha inundado Cee, Santiago, Negreira, Bertamiráns, Padrón, Oia, Baiona y un sinfÃn de pequeños lugares a lo largo del corredor del Noroeste. Ha derribado cientos de árboles, anegado decenas de casas, cortado carreteras y lo que es peor, se ha cobrado un peaje de 5 muertos… hasta ahora. También es el responsable de la avalancha de lodo negro (las cenizas de los incendios de agosto) que está asfixiando el marisco de las playas. La maltrecha lÃnea telefónica tampoco resiste y por ello el blog pasa más tiempo caÃdo que en lÃnea.

… y sigue lloviendo.




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Comentario by Roque
Este año parece que a Galicia le haya mirado un tuerto. Espero que pase pronto todo esto y vuelva a ser tan cojonuda como siempre
Saludos